El uso de la sauna se ha extendido por todo el planeta. Los baños de vapor son ampliamente conocidos y su evolución ha llevado a las saunas más modernas que cuentan con la tecnología más avanzada, como los infrarrojos. Pero no todo el mundo conoce su historia. En Finlandia, los usuarios de la sauna se golpeaban con ramas de abedul y esto sigue siendo parte integral del baño tradicional de sauna en el país. La idea es golpear con suavidad la piel utilizando un bastidor hecho con ramitas jóvenes de abedul para estimular la circulación sanguínea y liberar el aroma del abedul, fresco y vigorizante.
Si en algo existe unanimidad entre los finlandeses, es en la sauna. Unanimidad mantenida durante siglos y que seguramente continuará siendo así mientras sigan naciendo niños en su tierra natal y la invitación a la sauna siga llegando al anochecer.
A lo largo de muchos siglos, son muchas las naciones y culturas que han practicado los baños de vapor. En algunos lugares, esta práctica desapareció por completo; en otros, desapareció durante mucho tiempo para volver a retomarse con posterioridad. En el caso de la sauna finlandesa, también se trata de un baño de vapor, pero de un tipo particular que se ha visto influenciado por culturas orientales y occidentales. Además, ha desarrollado algunas características genuinas y nacionales, siendo una tradición que se mantiene desde hace dos milenios. Profundamente arraigado en el estilo de vida de este país, el baño de sauna es parte íntegra de la identidad finlandesa. Tan esencial en su vida como el pan de centeno en su dieta.
En su versión más primitiva, la sauna, con total probabilidad, era un pozo excavado en una ladera, con un montón de piedras calientes en una de sus esquinas. Ese hoyo pasó a convertirse en una cabaña de troncos de cuatro esquinas, con suelo de tierra y una estufa sin chimenea. Esta cabaña servía al mismo tiempo de vivienda y de baño.
Orígenes antiguos en su patria: Finlandia
Esas cabañas o habitaciones se llenaban de humo cuando la estufa se calentaba, humo que desaparecía dejando a su paso un olor a humo característico. Esa sauna de humo, con las correspondientes adaptaciones, se está volviendo muy popular en la actualidad, como hemos averiguado en Luxe Hogar, especializado en la fabricación de saunas finlandesas a medida, entre otro mobiliario de vestuario, con una trayectoria de más de cuarenta años en el sector.
El siguiente paso en la historia de la sauna fue el añadido de una chimenea en la estufa, que se calentaba una vez en cada ocasión. Posteriormente, surgió un nuevo tipo de estufa que se podía mantener caliente mediante el calentamiento continuo.
En la actualidad, la palabra sauna se refiere a un edificio o una habitación con paredes, suelo y techo de madera, con una estufa que se calienta con leña, electricidad, gasóleo o gas. La parte superior de la estufa se cubre con una gruesa capa de piedra natural mediante la que se irradia el calor.
La humedad se regula con pequeñas dosis de agua que se vierten de forma repetida sobre las piedras. El vapor que se produce asciende de las piedras y su temperatura varía entre los setenta y los cien grados, en función del tamaño de la habitación.
Con el paso del tiempo se añadieron el vestidor y un lavabo a la sauna de una sola estancia. Estas saunas eran utilizadas frecuentemente por gente de negocios para recibir a sus invitados, por lo que se podían incluir añadidos como una sala de estar con chimenea. Una pequeña sauna de verano cuenta únicamente con la sala caliente y el vestidor. Siendo la modestia y la sencillez las características tradicionales de las saunas originales finlandesas.
En las últimas décadas, el número de saunas en Finlandia se ha triplicado. Los orígenes rurales de la sauna pasaron a integrarse en la vida urbana. Estas se construían en el patio exterior de la vivienda; luego pasó a incluirse en las casas unifamiliares, las adosadas y los bloques de pisos, en donde se compartían entre las familias que vivían en ellos. En las ciudades había muchas saunas públicas, aunque en la actualidad a los finlandeses les gusta tener sus saunas privadas en los pisos individuales o apartamentos compartidos.
Algo que nos queda muy claro es que los finlandeses no pueden vivir sin la sauna. Tanto si se trata de un inmigrante, un deportista o un viajero, un finlandés lleva su sauna consigo. Hasta los soldados en la guerra necesitaban su sauna, como cualquier otro su cuarto de baño, por lo que construían la suya en los refugios o tiendas de campaña si era posible.
Una sauna es parte habitual de una piscina, un centro deportivo, los hoteles, los centros de vacaciones y los campings. Son incontables las familias que tienen cabañas con sauna cerca del mar o de un lago. Sin olvidarnos de que cualquier empresa finlandesa que quiera mantener la imagen de su negocio de éxito tiene que disponer de su propia sauna en la empresa.
Algo más que un baño de vapor
En sus orígenes, la sauna no se utilizaba solo para el baño de vapor. En ellas se secaba el lino, se preparaba la malta, se curaba la carne y se llevaban a cabo otras tareas agrícolas o domésticas. Se conocía como la cura finlandesa o la farmacia del pobre, además de convertirse en el lugar en el que los curanderos practicaban sus remedios: administraban baños, realizaban masajes y extraían sangre.
También eran lugares ideales para practicar magia, sobre todo la relacionada con la sanación o las relaciones amorosas. En fechas señaladas, los jóvenes se beneficiaban de los baños de sauna especiales para contraer matrimonio. El aroma de las hierbas y las hojas de abedul impregnaba el aire y las sabias recitaban sus conjuros. Existía la creencia de que los baños de sauna eran útiles para mejorar la virilidad.
En las zonas de campo, las mujeres solían dar a luz en las saunas, asignadas como lugar de descanso para las madres durante semanas. En este caso existían reglas estrictas influenciadas por la tradición para el primer baño de sauna que se daba al bebé. Principio y fin de la vida: también era el lugar en el que se preparaba a los difuntos para que iniciaran su último viaje. Era literal: la sauna formaba parte de la vida de los finlandeses desde la cuna hasta la tumba.
Salvo las personas que padecen enfermedades graves o aquellas que presentan alguna discapacidad, prácticamente todos los finlandeses toman baños de sauna, aunque sea de forma ocasional. Los que padecen enfermedades crónicas y las embarazadas también toman sus baños de sauna. Incluso el baño de bebés es seguro a partir de los pocos meses de vida. Así como no existe una edad límite para utilizarla.
No obstante, no está recomendado tomar baños de sauna en las personas que acaban de sufrir un accidente o padecen inflamaciones agudas. Los que padecen enfermedades contagiosas pueden acceder a las saunas, pero de forma privada.
Hay que tener en cuenta que, durante el calor intenso, los baños prolongados, los enfriamientos repentinos o extremos, o la ingesta de alcohol someten a gran presión la circulación sanguínea; un corazón sano la soporta bien, pero hay que tenerlo en cuenta en los que están debilitados.
Con moderación, los baños de sauna son adecuados para todos los que conocen sus limitaciones. Alivian el estrés físico y mental, el dolor y la tensión de los músculos y las articulaciones y, en algunos, son sinónimos de sueño reparador.
Son muchas las personas que creen que el propósito de la sauna es calentar el cuerpo. Un baño prevenía resfriados, relajaba los músculos tensos y aliviaba el dolor, el agotamiento o la depresión. En sus orígenes, el agua se utilizaba con moderación; se suponía que la piel se limpiaba a través de la transpiración. Poco a poco, la función de la sauna se convirtió en un espacio destinado a limpiar el cuerpo a fondo mediante lavados y enjuagues.
El ritual básico de la sauna se mantiene: calentar, sudar, batir, lavarse y refrescarse. A día de hoy, refrescarse suele implicar nadar. A muchas personas les gusta refrescarse al aire libre y hay valientes que se revuelven en la nieve o se dan un chapuzón en las frías aguas del mar, de un lago o de un agujero en el hielo.
En definitiva, la sauna sigue siendo parte de la cultura finlandesa. Un espacio destinado a la limpieza física y mental. Se considera como un renacimiento: tras la sauna, todas las sensaciones desagradables desaparecen y uno se siente en paz, consigo mismo y con el mundo. Lo que los finlandeses entienden como el cuidado del alma que se recibe en la sauna.
Existen otras culturas con su propia tradición en lo que a saunas respecta. Sin embargo, la finlandesa es una de las más antiguas y mantenidas en el tiempo, ya que permanecen, en la mayoría de los casos, la tradición y la cultura de sus antepasados. Ahora solo nos queda buscar una sauna finlandesa y una ramita de abedul para adentrarnos en su cultura.







