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Los mejores rincones de la costa alicantina para comprar una vivienda

La costa alicantina ofrece un mercado inmobiliario extraordinariamente diverso. A lo largo de aproximadamente doscientos kilómetros se suceden capitales con servicios urbanos, antiguos pueblos marineros, localidades turísticas, urbanizaciones de villas y municipios tranquilos en los que todavía es posible encontrar viviendas alejadas de las zonas más concurridas. Elegir el mejor lugar para comprar no depende únicamente del presupuesto, sino también del uso previsto, de la necesidad de disponer de servicios durante todo el año y del ambiente que se desea encontrar alrededor de la propiedad.

Alicante capital resulta una de las opciones más completas para quienes buscan residir de forma permanente, ya que la ciudad combina actividad económica, universidad, hospitales, comercios, conexiones ferroviarias y un aeropuerto internacional situado a pocos kilómetros. Dentro de su término municipal, la Playa de San Juan destaca por su carácter residencial, sus amplias avenidas y la abundancia de urbanizaciones con espacios comunitarios. Se trata de una zona especialmente atractiva para familias, profesionales y compradores que desean vivir junto al mar sin renunciar a las ventajas propias de una capital.

El centro de Alicante responde a un perfil diferente, puesto que los barrios cercanos al paseo de la Explanada, el Mercado Central o el puerto permiten disfrutar de una vida más urbana. En ellos predominan los pisos en edificios consolidados, incluidos inmuebles reformados con terrazas o vistas, de modo que comprar en esta parte de la ciudad puede interesar a quienes prefieren desplazarse a pie y valoran la cercanía de restaurantes, oficinas, espacios culturales y medios de transporte.

Hacia el norte aparece El Campello, una alternativa que mantiene una relación estrecha con Alicante, pero ofrece una escala más pequeña. Su paseo marítimo, su puerto y sus diferentes playas crean un entorno apropiado tanto para una residencia habitual como para una segunda vivienda, ya que en el municipio conviven apartamentos próximos al núcleo urbano con casas situadas en zonas costeras más tranquilas. La conexión mediante tranvía refuerza su atractivo para quienes desean moverse sin utilizar siempre el coche.

Villajoyosa ha ganado una notable visibilidad inmobiliaria puesto que su fachada de casas de colores, su tradición pesquera y la renovación de diferentes áreas próximas al mar le proporcionan una personalidad muy reconocible. El comprador puede encontrar pisos en el casco urbano, nuevas promociones y viviendas junto a playas menos densamente edificadas. La localidad se sitúa además cerca de Benidorm, lo que facilita acceder a una importante oferta comercial y de ocio sin tener que vivir necesariamente en el centro de ese gran destino turístico.

Benidorm continúa siendo una elección interesante para quienes priorizan los servicios, las vistas y la facilidad para alquilar la propiedad durante determinados periodos. Su paisaje vertical permite que numerosos apartamentos disfruten de terrazas orientadas hacia el Mediterráneo. Las zonas de Levante y Poniente presentan diferencias de ambiente, densidad y tipología de vivienda, por lo que conviene recorrerlas antes de decidir. Poniente ha adquirido un marcado carácter residencial y concentra promociones contemporáneas, mientras Levante mantiene una actividad turística más intensa.

El entorno de Altea ofrece una de las imágenes más distinguidas de la Costa Blanca. Su casco antiguo, desarrollado sobre una colina, convive con áreas residenciales extendidas por las laderas y con enclaves como Altea Hills, Mascarat o Altea la Vella. En estas zonas predominan apartamentos de alta gama, chalés y villas desde los que se contemplan la bahía y las montañas. Es una localización apropiada para quienes valoran la arquitectura, la privacidad y un ambiente menos masivo.

La configuración del municipio obliga a prestar atención a la pendiente, la orientación y los accesos. Una propiedad elevada puede ofrecer panorámicas excepcionales, pero también aumentar la dependencia del vehículo. Antes de comprar resulta conveniente comprobar la distancia real hasta comercios, centros sanitarios y otros servicios cotidianos. Altea atrae especialmente a compradores que buscan una vivienda singular y están dispuestos a priorizar el paisaje sobre la proximidad inmediata a una gran zona comercial.

Calpe dispone de un mercado mucho más amplio en cuanto a formatos. Los alrededores de las playas de la Fossa y el Arenal-Bol permiten encontrar apartamentos dentro de edificios con diferentes antigüedades, mientras que las urbanizaciones situadas en las áreas elevadas reúnen viviendas independientes. La silueta del Peñón de Ifach aporta un valor paisajístico difícil de reproducir en otros municipios. La localidad combina además actividad durante todo el año con una importante demanda vacacional. La Costa Blanca reúne más de 170 playas y calas, y Calpe forma parte, junto con Altea, Jávea y Dénia, de sus destinos más representativos.

Moraira constituye uno de los rincones más valorados por quienes desean tranquilidad y baja densidad. Perteneciente al municipio de Teulada, conserva una escala contenida alrededor del puerto, aunque su mercado residencial se extiende por numerosas urbanizaciones. Son habituales las villas con piscina, jardín y vistas, además de apartamentos situados cerca del núcleo. La escasez de grandes bloques y el carácter cuidado de muchas zonas han convertido este enclave en una referencia para compradores internacionales con presupuestos medios y altos.

Benissa Costa prolonga este tipo de paisaje mediante pequeñas calas y áreas residenciales dispersas. Es una opción apropiada para quien busca una vivienda independiente y no necesita tener todos los servicios a pocos metros. En este tramo, la parcela, la orientación solar, el estado de las pendientes y la facilidad de acceso condicionan mucho el valor práctico de una propiedad. También conviene revisar la distancia hasta los núcleos de Benissa, Moraira o Calpe, porque dos viviendas aparentemente cercanas al mar pueden ofrecer experiencias cotidianas muy distintas.

Jávea, o Xàbia, destaca por la variedad de sus áreas. El casco antiguo conserva un ambiente tradicional; el puerto ofrece una vida residencial vinculada al mar; el Arenal concentra apartamentos, comercios y restauración; y las urbanizaciones de los cabos reúnen villas en entornos más apartados. Esta diversidad permite buscar tanto una vivienda para todo el año como una propiedad orientada al descanso. Jávea se encuentra entre los mercados más valorados de la provincia y en junio de 2026 superaba los 4.000 euros por metro cuadrado en vivienda de segunda mano, una referencia que confirma la fuerte demanda existente en la Marina Alta.

Dénia aporta un equilibrio especialmente atractivo entre actividad urbana y vivienda costera. El centro permite mantener una rutina independiente del calendario turístico, mientras Les Marines ofrece apartamentos y adosados cerca de extensas playas. Les Rotes presenta un carácter más exclusivo, con casas y pequeñas comunidades próximas a calas rocosas. Las laderas del Montgó, por su parte, concentran chalés con vistas y parcelas de diferentes tamaños. Esta amplitud hace que el municipio pueda responder a compradores con prioridades muy distintas.

Más al sur de Alicante, Santa Pola destaca por su cercanía al aeropuerto y por una oferta compuesta principalmente por apartamentos, adosados y viviendas de dimensiones manejables. Gran Alacant, situada entre Santa Pola y la capital, reúne numerosas urbanizaciones y promociones recientes. Puede resultar interesante para compradores que viajan con frecuencia, desean acceder rápidamente a Alicante o buscan una propiedad próxima a playas como el Carabassí.

Guardamar del Segura añade un entorno marcado por sus dunas, pinares y largas extensiones de arena. Su mercado ofrece viviendas dentro del núcleo y promociones en áreas residenciales periféricas. Es un destino adecuado para quienes prefieren una localidad de tamaño medio y valoran los espacios abiertos. La menor espectacularidad arquitectónica respecto a algunos municipios del norte suele compensarse con una oferta más accesible y con viviendas adaptadas a presupuestos diversos.

Torrevieja constituye uno de los mayores mercados residenciales de la costa provincial. Su volumen de viviendas permite elegir entre el centro, el paseo marítimo, La Mata y numerosas urbanizaciones. La amplia comunidad internacional ha creado servicios orientados a residentes de distintos países y mantiene la actividad durante buena parte del año. El comprador debe estudiar cada barrio por separado, ya que la cercanía a la playa, la antigüedad del edificio y el nivel de ocupación estacional producen diferencias importantes.

Orihuela Costa completa el recorrido con enclaves como Playa Flamenca, Cabo Roig, Campoamor y La Zenia. Esta zona presenta una fuerte presencia de residenciales con piscina, campos de golf próximos y centros comerciales. Es habitual encontrar apartamentos, adosados y villas destinados tanto a residencia como a uso vacacional. Su comunicación con la Región de Murcia amplía las posibilidades laborales y de transporte para quienes se mueven entre ambas comunidades.

Asimismo, cabe señalar que la provincia de Alicante mantiene una intensa demanda internacional, tal y como nos indican los asesores inmobiliarios de Mar & Golf Homes, quienes nos cuentan que durante 2025 se situó entre los territorios con mayor número de compraventas por habitante, mientras los compradores extranjeros conservaron un peso especialmente elevado dentro del mercado autonómico. Esta presencia contribuye a que determinadas propiedades con vistas, terrazas, piscina o proximidad al mar encuentren compradores procedentes de mercados muy diferentes.

La gastronomía alicantina es otro de los atractivos de la zona

La elección de una vivienda en la costa alicantina también permite acercarse a una cultura culinaria con una personalidad profundamente ligada al territorio. El recetario provincial no se limita a los restaurantes situados junto al mar, sino que incorpora productos procedentes de la huerta, los valles agrícolas y las poblaciones del interior. Esta diversidad crea una oferta capaz de variar considerablemente en pocos kilómetros y convierte cada comarca en una oportunidad para descubrir sabores diferentes.

El arroz ocupa un lugar central, aunque hablar de cocina alicantina exige utilizar el plural. Existen elaboraciones secas, melosas y caldosas que cambian según los ingredientes disponibles en cada localidad. El arroz a banda nació entre pescadores, quienes preparaban primero un caldo con pescado y cocinaban después el cereal separado de las capturas. El arroz del senyoret mantiene el sabor marinero, pero presenta el marisco pelado y el pescado limpio para que pueda comerse sin utilizar las manos.

A estas recetas se suman el arroz negro, el preparado con salmonete, el de rape y gamba roja, las versiones con verduras y las combinaciones de carne procedentes de las áreas rurales. Una parte importante del resultado depende del fondo, de la proporción de caldo y del punto final del grano. El socarrat, esa capa ligeramente tostada que queda adherida al recipiente, es especialmente apreciado cuando se logra sin quemar la preparación.

La franja costera proporciona pescados y mariscos que llegan a las lonjas de diferentes municipios. La gamba roja es uno de los productos más reconocidos, pero comparte las cartas con sepia, pulpo, calamar, salmonete, cigala y distintas capturas de roca. También permanecen muy presentes los salazones, una forma tradicional de conservación que ha dejado productos como la mojama, las huevas secas o el bonito. Esta despensa marina se combina frecuentemente con tomates, pimientos, ñoras y ajos procedentes de las zonas agrícolas.

En localidades con tradición pesquera continúan preparándose calderos y guisos que concentran el sabor del pescado. Algunas recetas aprovechan especies menos demandadas comercialmente para obtener fondos intensos, demostrando cómo la cocina popular convirtió ingredientes modestos en platos de gran carácter. El alioli suele acompañar varias de estas elaboraciones y aporta un contraste potente que forma parte de la memoria gastronómica de numerosas familias.

La huerta amplía considerablemente el repertorio. Las verduras de temporada, los cítricos, las legumbres y las hortalizas aparecen en guisos, cocas y preparaciones domésticas. En Elche sobresale el arroz con costra, acabado con una capa de huevo, además del puchero con pelotas y el arroz con conejo y caracoles. En la Vega Baja, la abundancia agrícola ha favorecido una cocina generosa en verduras, carnes y recetas transmitidas entre generaciones.

El interior introduce sabores distintos a los del litoral. Las olletas combinan legumbres, verduras y otros ingredientes capaces de proporcionar platos consistentes. Las poblaciones cercanas a las sierras conservan embutidos, carnes, hierbas aromáticas y bebidas elaboradas con plantas locales. Esta parte del recetario demuestra que la identidad alicantina no puede reducirse a comer pescado frente al Mediterráneo.

Los productos con reconocimiento territorial refuerzan esa diversidad. Los nísperos de Callosa d’en Sarrià se consumen frescos y se transforman en mermeladas, licores, mieles, almíbares e incluso bebidas fermentadas. La uva de mesa embolsada del Vinalopó destaca por un método de cultivo en el que cada racimo se protege durante su maduración. Los vinos de Alicante completan la mesa con blancos, tintos, rosados y elaboraciones dulces, entre las que el fondillón ocupa un lugar especialmente singular.

En el apartado dulce, el turrón es el producto alicantino con mayor proyección. Las variedades asociadas a Alicante y Jijona presentan texturas diferentes, pero comparten ingredientes como la almendra y la miel. Aunque su consumo continúa muy relacionado con la Navidad, actualmente aparece también en helados, cremas, postres de restaurante y recetas contemporáneas. La repostería incluye asimismo monas de Pascua, pastas, dulces conventuales y elaboraciones que cambian según el calendario festivo.

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