La seguridad e higiene en el trabajo es un área fundamental en el día a día de las empresas. Consiste en reducir los riesgos de accidente de trabajo y enfermedad profesional, facilitando que el trabajador pueda realizar su actividad de una manera segura. Un acto decisivo en este campo, es la entrega al trabajador del EPI, Equipo de Protección Individual. Te hablamos de algunos EPI que salvan la vida.
La legislación laboral obliga a que toda empresa entregue un EPI a cada uno de sus trabajadores. Así como a reponer aquellos elementos que se hayan desgastado por el uso o hayan caducado. La empresa debe instruir al trabajador en el uso correcto de todos estos elementos. La entrega de los equipos de protección y la información sobre su uso debe quedar registrada en un documento firmado por el trabajador. Los representantes de los trabajadores, comité de empresa y delegados sindicales, pueden supervisar esta entrega.
No basta con que la empresa entregue al trabajador un casco, unas gafas protectoras y unos guantes, por poner un ejemplo. Debe cerciorarse de que los utiliza. Amonestando al operario verbalmente cuando esto no sucede.
¿Qué pasa cuando un trabajador tiene un accidente de trabajo y no tiene los elementos del EPI puestos? La página web informativa Ayuda Laboral afirma que la empresa siempre tiene una responsabilidad subsidiaria. Esta web distingue entre aquellas empresas que no han facilitado todos los elementos del EPI, donde la responsabilidad recae en la empresa; y aquellas que sí los han proporcionado, pero el trabajador no los ha utilizado en el momento del siniestro. Aquí, gran parte de la responsabilidad recae en el trabajador, si bien, Inspección de Trabajo puede realizar una investigación de los hechos para determinar en qué ha influido la acción u omisión de la empresa en el desenlace del accidente. Algo que se puede traducir en multas y sanciones administrativas, recargo en cotizaciones a la seguridad y exigencia de responsabilidades civiles y penales.
Cada tipo de trabajo tiene un EPI determinado. Entramos a ver algunos donde su presencia puede salvar la vida al trabajador.
Construcción.
La construcción es uno de los sectores donde más siniestralidad laboral existe. Una siniestralidad que puede acarrear daños severos para el trabajador, incluida la muerte. La Organización Internacional del Trabajo destaca que el 30% de las muertes por accidente de trabajo en todo el mundo se producen en el sector de la construcción. Esta mortalidad afecta por igual a los trabajadores de los países desarrollados que a los del tercer mundo. Un trabajador de este sector tiene entre 3 y 6 veces más posibilidades de sufrir un accidente de trabajo mortal que el conjunto de los trabajadores.
Los distribuidores de vestuario laboral Acierta, una empresa madrileña que lleva más de 10 años proporcionando ropa laboral y equipos de protección individual a las empresas, confirman que la gran mayoría de los elementos del vestuario de un trabajador de la construcción son elementos EPI. Van dirigidos a proteger su integridad física. También podemos apreciar que en el sector se está trabajando para que estos elementos sean cada vez más cómodos.
Entre los elementos más habituales se encuentra el casco de seguridad, destinado a proteger la cabeza frente a golpes, caída de objetos y otros impactos. Para las manos se utilizan guantes adaptados al riesgo: pueden proteger frente a cortes, abrasiones, productos químicos, calor o contactos eléctricos.
La protección ocular se realiza mediante gafas o pantallas faciales, mientras que el calzado de seguridad incorpora habitualmente puntera reforzada y suelas resistentes a la perforación y al deslizamiento.
Cuando existe exposición al polvo, fibras, gases o sustancias peligrosas, puede ser necesario el uso de mascarillas o máscaras protectoras. Para trabajos con niveles elevados de ruido se emplean tapones. También existe ropa específica para proteger frente a determinados riesgos, como temperaturas extremas o productos químicos.
Trabajos en altura.
Una modalidad de trabajo que está cogiendo cierta relevancia en los últimos tiempos son los trabajos verticales en altura. Son trabajos de mantenimiento o reforma que se realizan con el trabajador suspendido en la fachada de un edificio o de una estructura. Muchas veces resultan interesantes en cuanto a que suponen un ahorro en un andamio o en estructuras de seguridad que permitan llegar al trabajador a la altura donde va a realizar la tarea. Todo este ahorro se contrarresta con una mayor inversión en seguridad. Otras veces, como en el mantenimiento de centrales eólicas, se recurre a este sistema porque no hay otra manera de llevar a cabo estas tareas.
La web de asesoramiento Gran Vertical señala que el Real Decreto 2177/2004 marca un antes y un después en la seguridad en los trabajos verticales en altura. Después de décadas moviéndose en el limbo jurídico, en el que cada empresa de este sector recurría a las medidas de seguridad que conocía y a las que tenía acceso, se ha logrado unificar este gremio. Como consecuencia, el nivel de siniestralidad se ha reducido considerablemente.
Una de las medidas fundamentales es que el sistema de protección del trabajador debe disponer de dos cuerdas independientes: una de trabajo, utilizada para ascender, descender y posicionarse, y otra de seguridad destinada a detener una posible caída.
El trabajador debe utilizar un arnés adecuado para trabajos verticales, conectado al sistema de seguridad. Estos equipos deben cumplir las normas técnicas correspondientes y permitir una sujeción y protección eficaces durante la actividad. La cuerda de trabajo, además, debe incorporar mecanismos seguros para el ascenso y descenso, con sistemas de bloqueo, que impidan una caída accidental. La cuerda de seguridad contará con un dispositivo móvil anticaídas que acompañe los movimientos del trabajador.
Las herramientas y accesorios utilizados en el trabajo deben permanecer correctamente sujetos al arnés, al asiento o mediante sistemas específicos, evitando que puedan caer.
A estos sistemas debe añadirse una línea de vida, un cable de seguridad en la fachada del edificio o de la estructura, al que se puedan conectar los mosquetones de las cuerdas o de los arneses, en especial cuando las características del lugar permiten utilizar un sistema de anclaje permanente o temporal para proteger al trabajador durante sus desplazamientos por zonas expuestas a caídas.
Trabajos confinados.
Los trabajos confinados son aquellos que se realizan en la minería bajo tierra, en el mantenimiento de alcantarillas, silos, depósitos cerrados, etc. En estos casos hay que proteger al trabajador respecto al riesgo de disminución de la cantidad de oxígeno, presencia de gases tóxicos, derrumbes y desprendimientos interiores y facilitar un rescate inmediato.
Esta es una categoría bastante amplia, donde no lleva exactamente el mismo EPI un minero que trabaja en una mina de carbón que un trabajador que se encarga del mantenimiento del alcantarillado de una ciudad. A pesar de ello, hemos indagado en ver cuáles son los elementos comunes. La revista digital Interempresas nos habla de algunos de ellos.
Los trabajos en espacios confinados requieren equipos de protección específicos, tanto para acceder al lugar de trabajo como para poder rescatar al trabajador rápidamente ante una emergencia. Uno de los elementos fundamentales son los puntos de anclaje, que permiten instalar los sistemas de acceso y protección contra caídas. En muchas intervenciones se utiliza un trípode portátil, al que pueden incorporarse los dispositivos de descenso, ascenso y rescate, por medio de cuerdas y arneses.
Entre estos equipos se encuentran los sistemas de izado y descenso, que permiten bajar, subir, posicionar o evacuar a una persona y, en determinadas situaciones, también transportar materiales. Se complementan con dispositivos anticaídas, que frenan una caída y limitan la distancia recorrida. Algunos facilitan además el rescate desde el exterior, sin que otro trabajador tenga que entrar en el espacio confinado.
El arnés anticaídas es otro elemento esencial. Debe estar diseñado para sujetar al trabajador durante el acceso y permitir su evacuación en caso de accidente. A ello se suma el casco de seguridad, que protege frente a golpes y caída de objetos y puede incorporar iluminación y otras prestaciones.
La protección ocular o facial resulta necesaria cuando existe riesgo por polvo, partículas o impactos, mientras que la protección auditiva debe utilizarse cuando los niveles de ruido lo requieran. En este último caso, los sistemas deben ser compatibles con el resto de los EPI y permitir la comunicación con el personal situado en el exterior, una condición especialmente importante para afrontar una emergencia.
Trabajos con riesgo eléctrico.
Una manipulación desafortunada de cables de electricidad o una descarga eléctrica pueden dejar al trabajador electrocutado. Como es lógico, a mayor voltaje, mayores son las consecuencias para la salud del siniestrado. Este no es un asunto sobre el que debamos ser triviales. Incluso un mecánico electricista que realice el mantenimiento en una instalación industrial o que trabaje en el ámbito doméstico, debe ir debidamente protegido para prevenir riesgos de consecuencias fatales. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, INSST, tiene varios manuales publicados al respecto.
Según este instituto, dependiente del Ministerio de Trabajo, al operar en entornos con riesgo eléctrico son fundamentales elementos como los guantes aislantes, el casco dieléctrico, el calzado de seguridad y la ropa antiestática.
Entre los elementos más importantes se encuentran los guantes aislantes, fabricados con materiales como el látex, que cortan la conducción de la electricidad. Se clasifican en diferentes categorías según el nivel de tensión que pueden soportar y, en determinadas tareas, se utilizan con otros guantes exteriores que protegen las manos de golpes o cortes.
Las botas o calzado dieléctrico tienen como función aislar al trabajador del suelo y dificultar que la corriente pueda completar un circuito a través de su cuerpo. Están fabricadas con materiales no conductores y suelen incorporar suelas con propiedades antideslizantes, especialmente importantes cuando se trabaja en entornos húmedos.
La ropa de protección también desempeña un papel fundamental. Las prendas destinadas a trabajos eléctricos pueden incorporar propiedades ignífugas y antiestáticas y están diseñadas para ofrecer protección frente a fenómenos como el arco eléctrico. Dependiendo de la actividad, pueden utilizarse chaquetas, pantalones, monos o prendas técnicas específicas.
Otro elemento esencial es el casco aislante, especialmente cuando existe riesgo de contacto eléctrico en trabajos de mantenimiento, instalaciones o redes. Su diseño permite combinarlo con otros equipos, como pantallas faciales o protectores auditivos, siempre que sean compatibles entre sí. Estos son unos cascos especiales. Ya que no solo protegen la cabeza de golpes, sino que evitan la conducción de la electricidad.
La protección ocular y facial adquiere especial importancia cuando existe riesgo de arco eléctrico, ya que una descarga puede generar calor intenso, radiación y proyección de partículas. Las pantallas faciales y otros protectores específicos, como las gafas, ayudan a proteger el rostro y los ojos.
Todos estos elementos deben seleccionarse según la tensión, las características de la instalación y los riesgos concretos de cada tarea. Además, su utilización debe integrarse dentro de las medidas de prevención previstas para el trabajo, ya que ningún EPI sustituye a la desconexión, señalización y demás procedimientos de seguridad aplicables a este tipo de trabajos.
Bomberos.
Terminamos esta lista con todo un clásico. Un trabajo especializado, que por desgracia está de actualidad los meses de verano, debido a la proliferación de los incendios forestales, y donde el tema de la seguridad es vital.
En la web oficial de la Comunidad de Madrid, los bomberos de Madrid hablan de los elementos que configuran su EPI, partiendo del cambio de color de sus uniformes, que recientemente han pasado del rojo clásico al azul.
Estos nuevos uniformes tienen bandas y piezas reflectantes de color amarillo, que son más visibles, debido al contraste con el color azul marino del uniforme, al tiempo que conservan las propiedades ignífugas, impermeables y de resistencia térmica de los uniformes tradicionales.
El casco de bombero es un elemento fundamental. Con una pantalla facial abatible, que protege el rostro de la proyección de partículas y del calor, y con un protector especial en la nuca. La protección de la cabeza se complementa con el “verdugo”, una capucha ignífuga que protege cuello, orejas y cráneo.
El EPI se complementa con guantes de intervención, botas de seguridad, fajas de sujeción lumbar y el equipo de protección respiratoria.
En muchos trabajos, los elementos de protección individual protegen la vida.







