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Españoles por el mundo

Después de varios años viviendo en Berlín empiezo a echar más y más de menos España, es cierto eso de que uno valora lo que tiene cuando lo pierde, o al menos eso es lo que he experimentado al marcharme.

Me trasladé a Madrid por razones de trabajo, no tuve muchos problemas para integrarme gracias a mi dominio del alemán, pero es cierto, aunque suene a tópico, que el carácter del país germano es más frío y distante que el nuestro.

Con el tiempo, el trabajo y el día a día hace que te adaptes, aunque siempre me ha costado llevar bien las pocas horas de luz, pero no podía evitar echar mucho de menos a mi familia, la gastronomía, las tradiciones y cultura que daba tanto por sentadas cuando vivía allí.

Empecé a llevarlo mejor después de conocer a un chico berlinés apasionado de la guitarra española, esa fue nuestra primera conversación para romper el hielo. Un berlinés con fuerte acento alemán enamorado de Camarón de la Isla y Tomatito, me gustó la mezcla desde el principio, la nostalgia ayudaba y su simpatía también.

La Guitarra Española

Nuestra primera conversación sería la predecesora a muchas otras, resulta irónico, pero nunca había aprendido tanto de la guitarra española como lo que aprendí en Berlín.

Al parecer antiguamente la cuerda de la guitarra era de tripa, hoy en día es de nylon y, al parecer es descendiente de la Cíthara, parece ser que fueron los árabes quienes la introdujeron en España, más concretamente en Andalucía, aunque no hay documentación específica que lo corrobore de forma contrastada.

Lo que sí se sabe es que el conocimiento de este instrumento se remonta a los antiguos egipcios.

Se me ocurrió darle una sorpresa a mi novio e invitarle a Madrid, sabía que era cuestión de preguntar a un par de conocidos para que me recomendaran alguno de los mejores lutieres de guitarra para hacerle un regalo muy especial por nuestro aniversario.

Me emocionaba planeando la sorpresa y preguntando a mis amigos. Finalmente di con un lutier que provenía de una larga tradición de artesanos que conocía mi padre de curiosear por los talleres de guitarra del centro de Madrid.

Mi padre lo preparó todo, encargó una guitarra como le había indicado. De lo que no tenía ni idea es de que mi padre se había reservado una sorpresa muy especial para cuando llegara que tenía pensado regalarme por mi cumpleaños, un enorme arcón con dibujos flamencos.

El viaje fue un éxito y la sorpresa inolvidable, hasta nos arrancamos por bulerías e improvisamos algún tema de Paco de Lucía y Enrique Morente.

Como todo lo bueno, llegó el momento de marcharnos, no había caído en cómo llevar ese enorme arcón en el avión, pero mi padre había pensado en todo y ya había contratado los servicios de star cargo, una de las empresas de transporte internacional referentes en Madrid.

Lo bueno es que también te asesoran de cuál es el medio de transporte más eficaz dependiendo del producto que quieras transportar con un servicio totalmente personalizado.

Mi padre me regaló ese arcón para llevarme un trocito de casa conmigo, para guardar ahí todo lo que me recordara al hogar y lo viera solo cuando me apeteciera, aunque ya no podía dejar de pensar en cómo llevar ese arcón de vuelta.

Es cierto que la situación económica y política deja mucho que desear, pero cada vez tengo más ganas de volver, sobre todo con vacaciones así.

Sé que el arcón espera a encontrar su hogar de nuevo allí donde lo crearon, cerca del sol, donde hacen las mejores tortillas de patatas y puedes escuchar flamenco en una plaza o en una fiesta de pueblo.

 

 

 

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