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¿Qué añadir en un gimnasio para que funcione?

gimnasio

Todos sabemos que un gimnasio tiene máquinas para hacer deporte, pesas, toallas… pero, ¿qué hay del resto? De esas cosas que están siempre ahí pero en las que nunca te fijas. Si tienes en mente montar un gimnasio, es fácil pensar en lo de siempre: en comprar máquinas de deporte, colocar las pesas, poner unas cintas de correr, un espejo para que se miren mientras hacen ejercicio (que es algo que les gusta a todos por igual) y listo. Pero lo cierto es que todo eso solo es una parte de lo que hace que un gimnasio funcione de verdad.

Hay un montón de cosas en las que no nos fijamos, pero que están ahí: c como cómo entras al gimnasio, cómo te reciben, si encuentras un sitio para dejar la mochila, si hay agua fría disponible cuando más la necesitas, o si las duchas funcionan sin problemas. Parecen cosas pequeñas y sin importancia, pero influyen en cómo nos sentimos todos cuando vamos a entrenar.

Si te fijas, cuando entras a un gimnasio bien organizado, casi no te das cuenta de todo lo que funciona detrás: el acceso, la recepción, la limpieza, la organización de las clases… Todo fluye y eso hace que quieras volver. Y eso es exactamente de lo que quiero hablar aquí.

 

La entrada no es solo una puerta

La entrada de un gimnasio es el momento en el que una persona se enfrenta a lo que va a hacer de verdad, y, aunque parezca una tontería, es muy importante. No, no hablamos de que sea una puerta bonita o moderna, sino de que sea fácil de usar. Que cuando alguien llegue no tenga que pensar: “¿Dónde entro?” o “¿Qué hago ahora?”. Que no tenga que preguntar cada día y que no haya colas extrañas ni discusiones incómodas.

Un buen sistema de acceso hace que todo fluya. Puede ser un torno, un lector de tarjeta, una pulsera o un código; da igual, mientras funcione rápido y sin fallos. Nadie quiere empezar el entrenamiento con mal humor porque no le deja pasar o porque hay alguien delante peleándose con la recepción. Porque, cuando esto se repite, deja de ir. Bastante nos cuesta a la mayoría obligarnos a ir al gimnasio, como para que sea complicado entrar en él.

Una entrada bien organizada ayuda a que el gimnasio esté más tranquilo, permite controlar quién entra y a qué hora sale, facilita el poder ampliar horarios (mucha gente entrena muy temprano o muy tarde, y si el acceso es fácil, se hace casi sin pensar), y muchas más cosas.

Todo esto suma mucho a la experiencia.

 

La recepción no es solo para cobrar

No sirve solo para pagar, que, también, claro, también es el lugar donde se resuelven dudas, se calman enfados y se transmite orden. Una recepción caótica se nota al instante: colas, retrasos, gente confundida, y todo eso genera mal humor antes incluso de empezar a entrenar.

Tenerlo todo claro ayuda muchísimo: quién es socio, quién no, qué servicios tiene cada uno, si ha pagado o si hay algún problema pendiente. Cuando la información está bien organizada, todo va más rápido y la conversación con el personal es sencilla. Nadie quiere tener explicar su vida para poder entrar a hacer deporte, nos agota y nos agobia.

Otro punto importante es el sistema que use el personal. Si el programa de gestión es complicado o lento, se crean colas, se pierden datos y la experiencia se estropea, porque el personal tarda más en cada operación que tenga que hacer.

Por eso, un gimnasio necesita sistemas simples, rápidos y pensados para el día a día, no cosas complicadas para impresionar a nadie.

 

Vestuarios pensados con cabeza

Los vestuarios parecen una tontería, pero si están mal, la gente lo nota y deja de venir. No hace falta nada raro, solo pensar como lo haría cualquier persona: que haya espacio suficiente para moverte, bancos donde sentarte sin molestar a nadie, taquillas que cierren bien y duchas que funcionen de verdad. Básico, ¿verdad?, pero muy importante.

Si el vestuario es incómodo, la gente se lo piensa dos veces antes de venir. Llegas y no hay sitio, el agua está fría, los secadores se apagan solos… y ya empiezas mal. Por eso la limpieza también cuenta mucho. Tiene, sí o sí, que estar limpio, ordenado y con todo en su sitio siempre.

Son pequeños detalles que suman un montón: que los enchufes funcionen, papeleras suficientes, carros para la ropa sucia y gel o papel disponibles. Cuando todo esto funciona, ni te das cuenta… pero si falla, se nota enseguida y fastidia el día de entrenamiento.

 

Máquinas expendedoras que sí tienen sentido

Esto de las máquinas expendedoras siempre genera debate, pero bien pensadas funcionan de maravilla: agua fría, alguna bebida rápida, barritas, snacks sencillos… No todo el mundo viene con la mochila perfecta, a veces llegas justo, entrenas y te vas, y agradeces no tener que salir corriendo al súper, porque que haya algo disponible hace que la experiencia sea más cómoda.

Además, si están bien colocadas, no molestan, no hacen ruido y dan el servicio sin que tengas que estar pendiente todo el rato. Son un complemento, no el centro del gimnasio. Eso sí, hay que cuidarlas. Una máquina vacía o estropeada da mala imagen: es mejor no tenerla que ponerla y que siempre falle. Cuando funciona bien, casi ni te das cuenta, pero marca la diferencia.

 

El sonido, la luz y la temperatura importan más de lo que parece

Son cosas que de verdad importan: que la música esté a un volumen lógico, sin tener que gritar para hablar, que la luz sea suficiente para ver bien y que la temperatura sea estable, sin pasar frío ni calor mientras entrenas.

Si la gente tiene que forzar la vista, tener que ponerse tapones porque le duelen los oídos o pasa mucho frío o demasiado calor mientras entrena, se sienten incómodas y es posible que dejen de venir. Ajustarlo no es caro, pero requiere atención y organización: revisar los horarios, pensar en los tipos de entreno y en las distintas zonas del gimnasio hace que todo funcione mejor.

No es lo mismo la sala de clases que la zona de pesas, ni entrenar por la mañana que por la tarde, y esto es lo que demuestra que el gimnasio piensa en todo y en todos.

 

Una buena organización interna evita problemas

Gestigym, que trabaja con control de accesos y software de gestión deportiva, siempre aconseja a aquellos que van a abrir un gimnasio o a remodelar el que ya tienen que antes de añadir cosas nuevas, se aseguren de que el acceso y la gestión básica funcionan como es debido, porque eso es lo que más tiempo ahorra y menos se nota cuando está bien hecho.

Aquí entra todo lo que no se ve desde fuera, pero que hace que un gimnasio funcione de verdad: horarios claros, reservas bien hechas, control de aforos cuando hace falta… todo eso evita malos ratos. Cuando un usuario sabe a qué clase puede ir, cuántas plazas hay y cómo apuntarse, todo es más fácil. Cuando no lo sabe, empieza el caos y el gimnasio parece un lío constante.

Tener un buen sistema de gestión ayuda un montón: se ahorra tiempo y  el personal puede concentrarse de verdad en atender a la gente, que es lo que de verdad importa, no en pelearse con papeles o con un ordenador lento. Usar sistemas simples y claros hacen que todo fluya sin que nadie tenga que estar corrigiendo errores todo el rato.

 

Espacios pequeños que suman mucho

No todo es entrenar. Un rincón para estirar tranquilo, una zona donde sentarte un minuto, un sitio para dejar la mochila sin que moleste. Son detalles nimios que mejoran la experiencia.

Estos espacios no tienen que ser grandes ni caros, solo estar bien pensados. Cuando el gimnasio está lleno, se agradecen mucho. Y cuando está vacío, también. Además, ayudan a que el gimnasio no sea solo ir, entrenar e irse: lo hacen más amable, más fácil de usar y más cómodo.

 

Piensa en el día a día

Muchos gimnasios arrancan muy fuerte y luego se olvidan de mantenerlo, y ahí está el problema. Todo lo que añadas debe poder cuidarse: que los sistemas no fallen, los materiales sean resistentes y las decisiones prácticas.

No sirve de nada algo muy bonito si en seis meses ya no funciona. Es mejor algo sencillo, pero que aguante años.

 

Cuando todo encaja, nadie comenta nada malo

Cuando nadie se queja de la entrada, del acceso, del vestuario o de la organización, es que está funcionando. La gente viene, entrena y se va contenta. Ahí es cuando un gimnasio va bien. No porque tenga lo último, sino porque todo lo básico está cuidado.

 

Al final, un gimnasio funciona cuando no da problemas

Cuando no te hace perder tiempo, cuando no te obliga a pensar y cuando entras, haces lo tuyo y te vas con una buena sensación.

Las máquinas importan, claro, pero lo que realmente marca la diferencia es todo lo demás. Lo que no sale en redes, lo que nadie presume y lo que, cuando está bien, pasa desapercibido.

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