La cultura del desastre

La cultura del desastre

Parece que nuestro país está condenado a ser siempre una pequeña copia de Estados Unidos, probablemente por culpa de la globalización y americanización que estamos sufriendo todas las identidades culturales del mundo occidental y esto tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, como todo.

En la lengua hemos introducido términos como “ok”, “cool”, “LOL”… y adoptado palabras como “spoiler” o “hípster”. Celebramos también fiestas típicas estadounidenses como “Halloween” e incluso el día de acción de gracias pero nada de eso va a destruir nuestra cultura si no queremos y nada de eso es realmente tan malo como algunos nos hacen ver. Ahora bien, lo que sí es preocupante es que hayamos pasado de cuatro niños malos que se burlan del pobre empollón a bullying o acoso escolar, y que hayamos pasado del pobre “currante” que se come todos los marrones  al acoso laboral.

Hay quien piensa que todo es lo mismo, pero con distinto nombre, yo no soy de esas. Yo creo que cada día damos más manga ancha a nuestros hijos para que se conviertan en acosadores natos en la escuela y, posteriormente, en delincuentes, maltratadores o jefes que se aprovechan de su cargo para llevar a cabo un acoso y derribo contra ciertos empleados. Algunos me llamarán exagerada, otros alarmistas y yo lo creo es que nuestro sistema de educación no funciona, que nuestra sociedad está enferma y que poco a poco una nube negra nos va tragando a todos.

Abrir la boca es lo que toca, dar visibilidad a lo invisible y denunciar. Si eres víctima de tu jefe o de un compañero en el trabajo, denúncialo, en acosolaboral.com.es encontraréis toda la información pertinente. Si eres víctima del machismo, llama al 016. Si eres víctima del bullying habla con tus padres y profesores y denúncialo. Pero nunca, jamás, te quedes callado/a por miedo o vergüenza.

Datos reales

En 2015, las denuncias por acoso laboral se dispararon un 60% según algunos expertos, a causa de la crisis económica que ha enrarecido el ambiente en muchos centros de trabajo. La tensión creciente ante un posible despido sacó lo peor de algunos y empujó a otros a aguantar y callar. Pero desde 2013, la cifra de empleados que se quitan la mordaza crece.

Y ahora algunos me dirán “¿Y de todo eso va a tener culpa la globalización?” y mi respuesta será “pues sí, y no”. Supongo que todos estamos de acuerdo en que el hecho de que la información traspase fronteras no es excusa para los actos que algunos “personajes” de nuestra sociedad se empeñan en llevar a cabo. Ahora bien, algunos medios de comunicación trivializan esa información, ofrecen datos de más e incluso muestras imágenes innecesarias, pero no los medios extranjeros, los nuestros también, por supuesto… no estamos libres de culpa ni mucho menos. Y luego, algunas películas fomentan, de manera encubierta, el machismo, la violencia e incluso el acoso y nosotros, como borregos, aplaudimos esas películas porque tienen efectos especiales, porque sale un tío bueno de aupa o porque la chica de la portada tiene un par de melones impresionantes, y mientras seguimos aprendiendo la cultura del desastre.